Todo el amor que nos tenemos trascendió y nos conectamos como nunca

Si han perdido a alguien sabrán que es algo que cambia la vida, que rompe con todos tus esquemas que cambia toda tu perspectiva y hoy quiero contarles porque yo no la extraño.

No extraño a mi Tita, porque sin mentirles y mucho menos  inventarlo, la llevo conmigo desde que me levanto, por que esa mujer grande e imponente me enseñó a vivir, a disfrutar, a llorar y a reir.

Cuando ella murió, yo ya tenia un viaje planeado y me estresaba no poder estar en la misa que se acostumbra hacer a los 9 días de un fallecimiento y entonces alguien me dijo: “Desde donde estés, despídete haciendo lo que ella te enseñó, honra su memoria disfrutando como ella lo hacía”

En el día y a la hora de la misa, ella y yo estuvimos juntas contemplando un atardecer simplemente inefable, asombroso para la vista pero inédito para el corazón. Una sensación de paz inexplicable lleno todo mi ser y como observadora externa, vi lagrimas por mis mejillas pero no estaba triste, estaba plena y ahí en ese momento mágico había encontrado todas las respuestas: no tenía que despedirme,  somos mucho más que un cuerpo, somos mucho más que cualquier dificultad mundana, la vida está ahí en esos simples placeres, en la conexión de una familia, en la magia del recuerdo.

 

Desde entonces la vida cambió, ahora rió estruendosamente, dreno energía incorporando en mi lenguaje unas cuantas groserías (ella fue una gran maestra), me preocupo menos y amo más, pues aunque en su caso ya tenia que descansar, su partida me enfrento con la posibilidad de perder lo que más amo de un día para otro, me enfrento con la crudeza de la pérdida y el poder del ahora.

 

Ahora, pequeños detalles son manjares para mi alma. Cuando bailo muevo los hombros, porque se que me está observando, disfruto un taco placero como uno de los  platillos más valiosos de la gastronomía mexicana. Es increíble, pero está ahí todo el tiempo, cuando no supe hacer ese pequeño dobladillo en mi falda, ahí estaba ella: “Voy a creer, mami. Chinga, si yo te dije que es bien pinche fácil” y no, no escucho voces, simplemente el alma también habla y ella habita la mia.

 

Siempre estuvimos conectadas por esa fuerza indescriptible de dos seres que se aman, aunque discutan, aunque no se entiendan del todo, aunque no se vean a diario.¡Qué mujer! ¡Qué dicha tenerte en mi historia!

 

De algo estoy segura, te llevaste lo mejor de mi cuando estuviste en este mundo, y aquel día que tu alma partio y aún pude sentir la tibieza de tu mano, todo el amor que nos tenemos trascendió y nos conectamos como nunca.

 

Deben saberlo; ellos , no nos dejan, ellos ahora nos acompañan, ahora nos acompañan eternamente.

 

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