Almas Gemelas… amor incondicional

¿Han tenido un amor incondicional? Yo sí, pero quiero decirles que la historia de este amor, es poco convencional.

 

Aún recuerdo cuando llegaba de la escuela y no había nadie en casa, mi mamá tenía que trabajar. En ese entonces mis tías y primos no nos visitaban como lo hacen ahora, tampoco era tan frecuente ver a mi abuelita, y tú, tú eras la única que me recibías con  singular alegría: ¡a lengüetazos! . Te gustaba acompañarme todo el tiempo y disfrutabas acostarte a lado mío en el sillón mientras yo veía las caricaturas.

No puedo olvidar ese día que mi mamá me preguntó si yo quería tener un perrito de mascota ¡me emocioné tanto! Por supuesto que quería tener un amigo y todo lo que yo hubiera imaginado se quedo corto cuando tú llegaste.

Entraste en mi vida cuando tenías entre 3 y 4 meses de vida, venías en un coche color rojo, con tu camita y tus croquetas, abrí la puerta y  como si ya hubieramos jugado antes, saltaste de inmediato a saludarme.Eres tan pequeña, de color blanco como algodoncillo, ojos grandes y nariz negra. Te llamabas Pelusa, porque nos decía tu ex dueño que cuando eras más bebé parecías una diminuta bola de pelos. Te cargaba todo el tiempo, te hacía cariños, traté de ser la mejor amiga para ti, como tú lo eras para mi.

Te gustaba dormir en los sillones y jugar conmigo, me llenaste de alegría tantos años. Tú y yo eramos como una misma, yo te contaba las cosas como si lograrás entenderme y consolarme cuando estaba triste, pienso que realmente lo hacías.

Recuerdo que en ocasiones cuando mi mamá aún no llegaba de trabajar y estaba esperandola, tú te acercabas y me movías tu colita, y yo en mis ratos de capricho y con una grosería de niña te decía que tu mamá no te quería por eso te había regalado. ¿Cómo es que si te quería tanto , pude decirte eso? Hoy puedo entender que como niña no pensaba en lo que decía.

Fuiste mi compañera de aventuras casi 11 años, hasta que un día tuviste que partir, dejándome un vacío enorme en el corazón. Recién de tu partida me sentía tan culpable de haberte olvidado de alguna manera.. Cuando era niña, eras con quien jugaba, hablaba, reía, pero conforme fui creciendo te acercabas como antes pero yo fui dejando de prestarte atención.

Me enojaba y te gritaba, parecía que habías dejado de importarme, en realidad sólo había crecido y mis prioridades habían cambiado, pero eso ni tú ni yo lo pudimos entender. Habíamos dejado de ser tú y yo nada más.

Recuerdo que me defendías y le ladrabas a mi mamá cuando me pegaba y podría jurar que asumías el riesgo, pues a ti te tocaban unos cuantos gritos. Siempre estuviste tratando de cuidarnos y protegernos, tanto que la gente pensaba que eras agresiva, pero no, no pude tener una guardiana más tierna que tú.

Nunca fuiste mamá, pero un día llegó Puchy y lo cuidabas como si fuera tu hijo, aunque eras muy celosa con tus cosas a él lo dejabas dormir en tu cama, jugabas con él, se te enredaba entre las patitas, lo defendias, era como ese hijo perruno que no te dejamos tener.

El día que te esterilizaron, todo parecía estar bien, comiste muy bien, la pasaste jugando con Puchy, toda la mañana fue de juegos entre ustedes, sin pensar que ese sería el último día que jugarían juntos. Saliste bien de la operación, pero la anestesia  afectó tus riñoncitos, intenté que lucharamos por tu vida, pero no pude, sufrías demasiado, no te levantabas de tu cama y eso me partía el alma.

Aún siento mucha tristeza en mi corazón, tanta como el día que tuve que tomar la decisión más difícil de mi vida, tener que dejarte ir porque ya no tenías calidad de vida, ya no eras esa amiga guerrera  y por amor, decidí lo mejor para ti. No quise ver, pero cuando regresé te abracé tan fuerte como en los viejos tiempos. Puchy, tu hijo postizo también sufrió mucho tu ausencia, te buscaba y no te encontraba. Sólo lo abrazaba y le decía que nos ibas a cuidar.

Yo no quería fallarte y aunque te lo dije el día que te fuiste de este mundo, te amé y aún te amo con todo mi corazón, siempre serás esa mejor amiga que cualquier niño o niña en el mundo quisiera tener. Eres el recuerdo más bonito que guardo con amor en un lugar especial en mi corazón.

Gracias por tantas alegrías, por ser mi compañera, mi amiga, mi confidente, quien me aligeraba la soledad que sentía. Eres a quien más le he llorado en esta vida, porque el vínculo era más que cercano.

A veces las personas pensamos que las pérdidas que más sufrimos son las de otros seres humanos. Hoy puedo decirte que tú eres quien más me ha dolido en la vida. Mi alma te recuerda con infinita gratitud y amor ¡GRACIAS! y sé que un día nos veremos pasando el arcoíris. ¡TE AMO!

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