¿Vuelas con libertad o le temes a la caída?

“ A veces no necesitamos que alguien nos arregle, a veces, sólo necesitamos que alguien nos quiera, mientras nos arreglamos nosotros mismos”

                                                                                                                    Julio Cortázar

 

Es  posible que tú, como yo, estés justo en ese momento en que debes saltar, puede que sea sólo en un área de tu vida, puede que sea un giro de 360 grados, pero sé, que la emoción habita tu cuerpo y que como una especie de secreto apenas le has contado a un par de personas lo que pasa, y es que aunque todo apunte a una determinante “caída”, tú y yo sabemos que venceremos.

Algunos pensarán que es un exceso de optimismo o una cursi manera de ver la vida; es posible que te subestimen, que no te vulneres porque piensas que te observan con detenimiento, pero cuando hay certeza, confianza y perseverancia, podrá haber fracasos, pero uno sabe que hay un propósito mayor y que la valentía de encaminarse a él, por otro rumbo que no sea el escrito dignifica el intento en sí.

Y sí, se trata de un proceso que se vive a solas, pero ahí donde el alma sucumbe a los miedos, las palabras adecuadas llegarán, pero las negativas también lo harán y es nuestro deber hacer oídos sordos, incluso a los juicios que surjan de nuestras creencias limitantes, a lo que alguien más piense, sin importar si se trata de alguien muy cercano, el grueso de nosotros tenemos una programación mental que es difícil de reacomodar, y que está limitada al qué dirán, y al deber ser y no por ello frenaremos nuestra intención de hacer realidad nuestros deseos de una manera que no sea concebida por el resto.

En este momento, te toca escuchar a quien te habla con el alma, a quien besa tu frente sin decir más, a aquella amistad que cree en ti, incluso sin conocer tus planes. Esta vez toca hacerte acompañar por aquellos que te abrazan de corazón a corazón, a quien sin temor de juicio alguno le contarías tus deseos más descabellados; esta vez te toca escuchar a quien sabiéndote un poco rota, no intenta repararte, permanece a un lado esperando el momento en que tú pidas ayuda, porque lo cierto es que cuando es momento de saltar nadie te acompañará, lo harás por firme convicción, pero esa mirada de complicidad alivia el alma.

Saltar ante lo desconocido, es un proceso que te llenará de incertidumbre pero será una de las etapas más enriquecedoras de tu vida, no sólo te enfrentarás a tus sombras, te verás ante la luz de las posibilidades que creas, de los amigos que se quedan, de los compañeros que se volvieron familia, y de la familia que no titubeó un momento en hacerte saber que lo lograrás.

Este día es ya maravilloso, por la sola posibilidad que te da, de poder saltar hasta donde tu libertad te lleve, quien entiende esto puede ya llamarse afortunado, porque si tú como yo crees “que las utopías sirven para caminar”, no habrá día que algo pueda derribarte.

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