¿Trabajas para vivir o vives para trabajar? ¡Date tiempo!

Tras un incidente laboral que tuve, me di el tiempo de meditar y hacer una reflexión “trabajas para vivir o vives para trabajar”. Y es que entiendo que hay trabajos que son muy demandantes, pero tú decides qué vida llevar.  Los logros profesionales, sin duda son muy gratificantes para la vida, pero ¿dedicas tiempo de calidad para ti o para los demás?

De manera breve quiero contarte lo que pasó y del porqué llegué a esto. Cierto fin de semana me fui de viaje a la playa, por ende, decidí soltar el trabajo, y olvidarme de los pendientes, pues el viernes había dejado todo listo por si se requería algún cambio, para no hacer el cuento largo, la persona que estaba coordinando los textos se le ocurrió pedirme cambios el sábado, obvio yo no estaba centrada en pensar en el trabajo, vi el mensaje tardísimo y la corrección salió mal. Al día siguiente con poco profesionalismo me dijo lo que estaba mal e hizo un tango en el grupo de trabajo. Y aunque iba a responder, pensé “pobre su vida es el trabajo, no tiene una vida propia, no quisiera llegar a su edad y llevar su vida”.

Reconozco que me enojó mucho su actitud, pero como siempre lo digo “todo en esta vida es un maestro”, y en ese momento entendí que yo no quería una vida así, que como cualquier persona necesito trabajar para ganar dinero, crecer, pero no quiero que ocupe el primer lugar en mi vida, y después sentirme frustrada por haber abandonado lo que realmente importa.

Y es que trabajar duro es visto por muchos como el camino hacia el éxito. No te voy a decir que eso no es verdad, pues las posibilidades de triunfar en lo laboral son parte de un esfuerzo continuo; sin embargo, está comprobado que el exceso de trabajo conduce a resultados más pobres en otras áreas de tu vida.

Pero lo peor es que a veces las personas reaccionan cuando ya es tarde, porque están llenos de estrés o se dan cuenta que por su grado de exigencia han perdido momentos que ya no van a recuperar y que por el trabajo renunciaron. Yo no quisiera despertar un día y que me invada una profunda pena o dolor, que ni el dinero o el reconocimiento social me podrán consolar.

¿Trabajar en exceso tiene efectos secundarios?

Cuando eres joven crees que debes dejar tu vida en el empleo. Pero conforme vas creciendo te das cuenta que después de ocho horas al día dedicadas a una actividad, la mente comienza a divagar y a dispersarse. Cuesta mucho trabajo concentrarse en lo que se hace y, a veces, tener también un sueño reparador.

Y podemos pensar que no pasa nada, pero con el tiempo, esos síntomas se transforman en un desánimo general. Te sientes triste todo el tiempo, con angustia por tratar de cumplir cabalmente con todas tus obligaciones y con sentimiento de culpa por no lograr que todo sea perfecto. Es entonces cuando te vuelves irritable. Todo, o casi todo, te desagrada. Justificas tu mal humor diciéndote y diciendo que eres una persona seria, que tus metas están puestas muy alto y que no puedes pasar por la vida sonriendo frente a todo.

Y lo más preocupante es que empiezas a crear pensamientos de que ya habrá tiempo para tu vida personal. Claro que tienes que hacer algunos sacrificios, para conseguir objetivos, pero no te das cuenta, que estás cambiando tu salud y tu felicidad por dinero.

Que el trabajo no sea lo único en lo que ocupes la vida

De acuerdo con estudios, el exceso de trabajo está en la base de casi todos los problemas de sueño y de las enfermedades. Si el desgaste físico, mental o emocional es muy elevado, vale la pena considerar menos horas, si tu trabajo no te lo permite, busca algún otro o desconéctate saliendo de la oficina y fines de semana.

Entiendo que no es fácil, mira que te lo digo yo, que algunos amigos me dicen workaholic, pero tienes que convencerte a ti mismo que trabajar menos te hará mejor.

Claves para soltar el trabajo y no hacerlo en exceso

  • Ahorra más, trabaja menos. No te digo que te vuelvas un tacaño, pero cuando más ganas, más gastas. Por eso el dinero jamás te alcanza. Si decides, en cambio, fomentar el hábito del ahorro continuado y consistente, puedes sorprenderte de los resultados. Tal vez debes aprender a posponer el gusto por gastar y planificar mejor tu economía.
  • Escucha a tu cuerpo. Ninguna enfermedad se presenta de manera súbita, sino que se va cocinando poco a poco y lanza múltiples avisos antes de aparecer. No seas insensible a lo que te dice el organismo. Reconoce las señales de la fatiga y préstales atención.
  • Reconoce y acepta tus límites. La madurez comienza cuando eres capaz de reconocer los límites de la realidad, empezando por los propios. Tal vez quieres triunfar más que nadie, pero no puedes hacerlo a cambio de tu salud y tu bienestar. De hecho, si te dedicas con agrado a lo que haces, si pones un “hasta aquí” a tu jornada laboral, tienes mayores probabilidades de alcanzar la excelencia en lo que haces. El dinero, aunque se demore un poco más, probablemente vendrá después.

Analiza bien el panorama, lo que estás ganando y todo lo que estás perdiendo por el trabajo, amigos, tiempo en pareja, falta de atención a tu familia, o simplemente por no darte tiempo para TI, NO TODO EN ESTA VIDA ES TRABAJO, date cuenta a tiempo, no sea que pasados los años termines frustrado por todo lo que dejaste de hacer. Ama lo que haces en tu trabajo, pero no te olvides de los demás detalles de la vida.

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